Antes de publicar una entrada, la receta se cocina y se vuelve a cocinar. En la olla grande de habichuelas con hueso de jamón y verduras de la huerta, las cantidades se escriben tal como se midieron esa vez, y si al probar el caldo queda salado, la corrección queda al margen con la fecha. No se ajusta el texto para que suene redondo: se ajusta la sal. Lo mismo pasa con el pan de masa madre en clima caliente, donde la fermentación se adelanta sin avisar. Ahí se anota la hora real de inicio, la temperatura de la cocina y la señal que indicó que ya estaba listo para el horno, aunque no coincidiera con lo previsto.
En las conservas de temporada con tomate, ají y lo que sobra del mercado, se registra la variante usada y se compara con la tanda anterior: si el frasco selló bien, si el ácido quedó corto, si la textura cambió. Las imágenes que acompañan cada entrada son ilustrativas del plato o del frasco, no pruebas de un resultado ni retratos de personas reales. Tampoco hay sellos, premios ni cifras de éxito que respalden lo que se cocina. La única verificación posible es la que cualquiera puede repetir en su cocina con la misma despensa y el mismo tiempo.
Cuando una nota se equivoca, se deja el error visible y se explica qué se cambió. Ese margen tachado es parte del método, no un descuido.
Cantidades medidas, no estimadas
Tiempos de cocción anotados
Variantes según despensa
Correcciones visibles al margen
Imágenes ilustrativas del plato