Hacienda Tetuán

For Families

Cómo escribirnos y qué encontrarás en las preguntas frecuentes

Si quieres compartir una receta de siempre, preguntar por una variante de la olla grande o simplemente contar cómo te salió el pan, escríbenos. Leemos con calma, como se lee el cuaderno al final del día.

No hay formularios de carga ni cuentas: solo correo, teléfono y la dirección postal de la finca para quien prefiera el papel.

Teléfono +54 9 11 3460 0575
Dirección postal Edmundo Rosas, Santa Fe, Santa Fe, S3000, Argentina

Antes de escribir, mira las preguntas frecuentes

Ahí están las dudas que más se repiten: cómo ajustar cantidades cuando llega más gente a la mesa, qué hacer si en la despensa no hay lo que pide la receta y cómo se anotan los cambios al margen del cuaderno. Si tu pregunta no aparece, escríbenos y la sumamos.

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Apuntes del cuaderno, con la letra de quien cocinó

Lo que se ve en la mesa cuando llega más gente

La olla que creceDomingo de mesa larga
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Cuando avisan que vienen los primos, se agrega agua y se corrige la sal al final.

Más habichuelas, más verduras, el mismo fondo

La olla no se mide por litros exactos sino por quién se sienta. Si llegan dos más, se suma una papa, un pedazo de auyama y un poco más de caldo. El hueso de jamón se reparte al final, cuando ya dio todo lo que tenía que dar. Lo que no cambia es el sofrito lento del principio: cebolla, ajo y ají picado fino, sin apuro.

La letra al margenCuaderno heredado
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Las cantidades reales van en el cuerpo; los cambios, apretados en el margen.

Lo que la abuela corrigió sin borrar

En el cuaderno conviven dos escrituras. Una anota los ingredientes como se hacían siempre; la otra, más apretada, apunta lo que se cambió esa vez: menos sal porque el hueso venía fuerte, más tiempo de cocción porque las habichuelas estaban duras. Nada se tacha. Así se aprende que una receta no es una orden, es una conversación que sigue abierta.

Manos que aprendenLos chicos en la cocina
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Pelar ají, probar el caldo, esperar. Tres cosas que se aprenden mirando.

Se enseña con las manos, no con el reloj

A los chicos se les da una tarea concreta: pelar, lavar, revolver despacio. Nadie les explica la técnica completa el primer día. Aprenden a probar el caldo y a decir si le falta algo, aunque al principio digan cualquier cosa. Con los domingos se les va quedando el gesto, la proporción a ojo, el momento en que hay que bajar el fuego.

La mesa junto a la ventanaAntes de sentarse
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El pan se corta a mano y las conservas se abren según lo que pida el plato.

Lo que se pone sobre la mesa sin receta

Antes de servir la olla se arma la mesa: pan de masa madre cortado grueso, un frasco de conserva abierto, algo fresco de la huerta si hay. No se sigue un menú fijo. Se mira lo que la despensa permitió guardar y lo que la temporada trajo esa semana. La mesa se llena con lo que hay, y casi siempre alcanza.

Por qué esta mesa se arma distinto

No hay una fórmula cerrada ni un menú que se repita igual cada domingo. Lo que se sirve depende de lo que haya en la despensa, de lo que dé la huerta esa semana y de cuántos se sienten a comer. Eso, lejos de ser un problema, es lo que mantiene viva la cocina de la casa.

La olla grande crece según los que llegan. Se anota al margen lo que cambió: más habichuelas, más verduras, un hueso de jamón que se reparte al final. Nada se mide con balanza fina; se ajusta con la vista y con el gusto de quien prueba el caldo.
Se aprende mirando, no midiendo

Las cantidades reales quedan escritas en el cuaderno con la letra de quien cocinó ese día. Pero lo que de verdad se transmite es el gesto: cómo se pela un ají, cuándo se prueba el caldo, cómo se espera sin apurar el fuego. Eso no se copia de una receta, se agarra con las manos.

La despensa manda, no el menú

Si hay auyama, va auyama. Si solo quedan papas, la olla se arma con papas y no pasa nada. Cada variante tiene su registro al margen, con la fecha y con lo que sobró. Así el plato del domingo siguiente ya sabe lo que funcionó y lo que no.

Los niños entran a la cocina

Pelar, probar, esperar. Tres tareas simples que se reparten entre los más chicos mientras la olla hace lo suyo. No hay prisa por terminar: la reunión larga se sostiene justamente en ese tiempo compartido, en la mesa junto a la ventana y en el pan cortado a mano.

Si quieres ver cómo se anota una de estas ollas en el cuaderno, puedes leer la entrada sobre la olla grande de habichuelas o escribirnos desde la página de contacto para compartir tu receta de siempre.

Del cuaderno, para la mesa de casa

Lo que conviene tener a mano cuando la olla crece

En la reunión larga de domingo nadie calcula porciones exactas: se calcula según quién llega. Estas son las entradas del cuaderno que más se consultan cuando hay que estirar el guiso, guardar lo que sobró del mercado o acompañar la mesa con algo hecho en casa.

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Olla grande de habichuelas con hueso de jamón

La receta madre de la casa, pensada para una olla de seis litros. Ahí están las cantidades reales, el punto en que conviene apagar para que el caldo no se amargue y las variantes según lo que haya en la despensa esa semana.

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Conservas de temporada: tomate, ají y sobras del mercado

Cuando el mercado se llena y el precio baja, conviene tener un plan. Aquí se anota el procedimiento que se sigue en la finca para esterilizar frascos, revisar el sello antes de guardar y no perder la cosecha por descuido.

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Notas de huerta y despensa

Lo que da la mata cambia el menú. En el blog se van anotando los ajustes de temporada, los cambios que hizo la abuela al margen y las decisiones que se toman cuando llega más gente a la mesa de lo previsto.

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